This is default featured slide 3 title

Go to Blogger edit html and find these sentences.Now replace these sentences with your own descriptions.

This is default featured slide 4 title

Go to Blogger edit html and find these sentences.Now replace these sentences with your own descriptions.

This is default featured slide 5 title

Go to Blogger edit html and find these sentences.Now replace these sentences with your own descriptions.

sábado, 26 de julio de 2014

La Dieta de la Prosperidad

Para prosperar en la vida, antes que nada, hay que ordenarse, pero ¿No es acaso -y lo será siempre- mucho más fácil ordenar un espacio casi vacío que otro casi lleno? La relación entre el espacio vacío y la prosperidad es muy íntima. No es poca la gente que asocia la prosperidad con la abundancia de pertenencias, propiedades y colección de experiencias, sin embargo yo me estoy refiriendo a otra cosa, estoy hablando de flujo, liquidez, movimiento, agilidad, esbeltez, translucidez...



Según la Kábala judía, la creación, específicamente la humanidad, representa una suerte de vasija cuya principal característica es el estar abierta y receptiva a la abundancia de bienes simbolizada como luz. (Para aquellos que les da urticaria cada vez que se habla de algo remotamente esotérico, les he de recordar que si hay un pueblo al que hay que escuchar cuando se habla de dinero y éxito, es precisamente al pueblo judío) La razón por la cual no recibimos aquello que tanto anhelamos y pedimos por una parte y que tan de buena gana se nos da, por la otra, es porque en alguna parte de la mente, no nos sentimos merecedores de tanta bendición.
En efecto, el sentido de inocencia es un requisito indispensable para recibir la oportunidad de oro, el golpe de suerte, la herencia inesperada, el premio gordo o el regalo de la vida que ésta nos quiere dar a través de un socio, un colaborador o un buen amigo. Hay una verdad evidente pero no por ello menos ignorada: No se puede llenar un espacio que ya está lleno. Para ser una buena vasija receptora de prosperidad hay que convertirse previamente en un espacio vacío. Un buen comienzo consiste en vaciar el cuerpo, la mente y el alma.
Con intenciones pedagógicas o científicas se desmembró a la gente en cuerpo, mente y espíritu. Así mismo se habla de dimensiones interpersonales a nivel familiar y colectivo. Durante cientos de años se nos ha incitado a llenar compulsivamente todos los espacios vacíos que podamos encontrar en cualquiera de estas dimensiones que he citado por una muy sencilla razón: es económicamente conveniente para el mercado. Luego entonces hay que llenar las tiendas de una comunidad artículos para que las familias a su vez retoquen sus casas de aparatos. Al cuerpo hay que adicionarle multi-vitamínicos, calorías, sabores, tratamientos, tintes, tatuajes, postizos, siliconas y todo aquello que la moda dicte, eso sí, sin perder de vista que siempre debe ir bien acorazado en marcas de moda en forma de ropa y marcas de lujo en forma automotriz. 
A la mente hay que llenarla sobre todo de ideas. Las creencias las vivimos como nuestras, es decir, como algo muy personal y por lo tanto casi sagrado con lo que nadie se debe de meter y todos deben respetar, sin embargo la verdad es que dichas ideas nos son infiltradas por vía intravenosa a través de la televisión, el cine y la internet. Nuestra familia nos hereda amorosamente la compulsión a llenarnos la mente con ideas que embonan con los valores de una sociedad basada en la propiedad privada, la producción de bienes y servicios así como de la competitividad. Así que cuando nos llega la invitación de un sacerdote budista por ejemplo, a “vaciar la mente” lo mejor que alcanzamos a hacer es a argumentar respetuosamente que eso es muy difícil, y luego vamos y prendemos el televisor para llenar nuestra mente de publicidad mientras descansamos.
A través de años ayudando a la gente a prosperar, he descubierto que la Ley de la Atracción sí funciona, siempre y cuando se parta del vacío del cuerpo, de la mente y del espíritu para generar aquello que deseamos experimentar. Porque de hecho, todo el tiempo estamos experimentando aquello que generamos con nuestra mente colectiva (y he de anotar aquí que sí se puede generar desde la mente individual, pero es mucho más difícil hacerlo así por obvias razones)
Ahora bien, se supone que tú no puedes cambiar al mundo, no puedes cambiar ni siquiera a tu hijo adolescente para que llegue a casa a la hora convenida, y con todo, al cambiarte a ti mismo, de algún modo modificas el funcionamiento de todo. El cambio al que e refiero, el que atrae la gran prosperidad, es el de mover tu identidad de lugar, para que, a cambio de “saber” que eres todo el contenido de tu mente (donde naciste, hijo de quién eres, a qué te dedicas, tu estado civil, etcétera), recuerdes que eres el espacio vacío donde acontecen todas las cosas de las que te puedes dar cuenta.  Cuando te vives como un espacio vacío que se da cuenta, nada te puede lastimar, nada te hace temer, nada puede activar tu ira, ni tu defensa ni tu ataque. Lo que deviene de tal liberación es el nacimiento del árbol de la paz interior, mismo que irremediablemente llega rebozado de de incontables frutos de verdadera prosperidad. Con la Paz interior se genera paz colectiva y en la paz social (o al menos empresarial) florece la prosperidad.
Por decirlo de un modo más o menos tradicional: A Dios le gusta entregarse en forma de Providencia, a tu alma le encanta pedir y recibir bendiciones materiales, simbólicas y trascendentales pero tu ego crea una suerte de aduana que haciéndose pasar por ti elige qué bendiciones recibe y cuáles de acuerdo a tus méritos personales. Así es que ya puedes ver todos los documentales sobre la Ley de la Atracción, leer todos los libros de prosperydad, asistir a todos los talleres de abundancia y asistir a la última conferencia del gurú de moda; si no has cultivado íntimamente tu sentido de recibir, la prosperidad te pasará de largo silbando una canción. ¿Y cómo nos abrimos a esta actitud de humildad y agradecimiento para recibir? Recobrando la inocencia ¿Cuál es el precio de ello? Vaciar el corazón -y otras tripas- junto con la mente. El mejor modo de hacerlo es perdonando a nuestros deudores y perdonando nuestras propias ofensas.
Es muy ingenuo pensar que se puede disfrutar y ganar en el juego de la vida sin perdonar las equivocaciones de los demás, así como el efecto de dichas equivocaciones. E ingenuo como pueda ser, hay quienes intentan infructuosamente disfrutar de unas vacaciones en el extranjero  con el corazón repleto de amargura y la mente rebosante de preocupaciones. Por eso mismo la gente no acaba de poner un pie en su casa cuando ya se quiere ir de nuevo, rompe, tira o pierde su teléfono celular para “tener” que hacerse de uno nuevo; es por eso también que consumimos con avidez el nuevo curso de moda o que compramos el siguiente libro de la zaga que después iremos a ver al cine. Es decir, Cuando no hay paz interior las cosas no nos alivian por mucho tiempo, así que compramos otro auto, otra casa, otra pantalla plana solo para acabar descubriéndonos con un ego gordo como un camello al que las puertas del cielo le parecen el ojo de una aguja. 
Hay muchos otros temas por desarrollar con respecto a la prosperidad mismos que espero tener la oportunidad de compartir contigo, pero de inicio te invito a deshacerte de todo aquello que ya no necesites en tu cuerpo, en tu mente (en tu corazón) y en tu alma. Porque para para prosperar no hace falta pensar mucho sino pensar poco pero muy bien. Las mejores ideas (la idea de un millón de dólares) muchas veces vienen tras un momento de meditación, un ensueño o incluso, durante una siesta -como le sucedió a Newton cuando descubrió la Ley de la gravedad. Es decir, la luz se hace cuando el ego está callado o al menos desacelerado. ¿Quieres que tu negocio prospere? Saca de él todo lo que no usas, ordena con armonía lo que quede y dispone a recibir...

Ramón Luna García
Psicoterapeuta
Especialista en Psicoterapia de Grupos (UNAM)
Cédula Profesional: 1761808
Teléfono (044) 2223 41 95 20
Facebook Ramón Luna García