Volví
a presionar cualquier botón de mi celular para que la hora brillara bajo la
media luz de la cafetería, iluminara la taza de café con restos de espuma en
ella y la servilleta hecha pedazos. Solo le daría hasta terminar este capítulo
y me iría.
Le
di la vuelta a la página y seguí leyendo sin prestar atención a una sola de las
charlas a mí alrededor, estaba furiosa. Llevaba dos capítulos, una taza de café,
un atardecer y tres cigarrillos sentada en ese sillón. La mesa a mi izquierda
había sido ocupada y desocupada dos veces; la de mi derecha estaba vacía y sin
limpiar desde hace cinco páginas; por último, la que estaba detrás llevaba casi
el mismo tiempo que la mía ocupada por una pareja. Podía medir el tiempo que
llevaban juntos sin siquiera dar una segunda mirada hacia atrás. Aún se
sentaban juntos, aún hablaban sin dejar espacios de silencio pero sabiendo
cosas intimas, aún no sentían correr el tiempo en sus citas pero se hacía
increíblemente lento cuando estaban separados…no era difícil: juntos tenían al
menos cuatro kilos de café, dos cenas, una comida, al menos una docena y media
de salidas al cine, ya habían conocido a sus mejores amigos y…
–¿Todo
bien? ¿Alguna otra cosa? –dijo la señorita con la camiseta polo color caqui, el
mandil negro y una amplia sonrisa a pesar de las veces que había activado el
molino, colado el café, limpiado la maquina, servido las tasas, limpiado las
mesas, llevado el cambio y escuchado los reclamos de los clientes junto a sus
compañeras.
Solo
dos páginas más y me iría.
–La
cuenta, por favor –con esfuerzos logre corresponder su sonrisa.
Furiosa o no, estaba tan agradecida
de haber tenido ese libro, no había nada peor que tener que sentir cada fragmento
de tiempo pasar, como el goteo de una llave mal cerrada, esperando y esperando
algo que hasta ahora no había sucedido.
–Aquí
tiene –esta vez no esperó nada para
dirigirse a la mesa de la derecha y empezar a limpiarla, incluso mi taza había
desaparecido.
No
toqué mi cuenta hasta llegar a la última página, el último párrafo, la última
línea y la última palabra del capítulo. Mi tiempo allí había acabado y solo me
tomó colocar el separador en el libro, sacar la cartera, pagar y ponerme el
abrigo para estar fuera de allí con el sonido de las campanillas de la puerta
anunciando mi retirada.
A mi celular le tomó al menos media
cuadra más en sonar.
–¿Hola?
–Hola
cielo, soy yo –dijo.
Para
nosotros ya había pasado mucho más tiempo que para la pareja del café. Su voz
hace mucho que había dejado de alterar mis nervios.
–No
pude llamarte antes, aún estoy atascado en el trabajo.
–Lo
supuse –hace tres cigarrillos y más de un capitulo que lo había deducido.
–Lo
siento ¿Lo pasamos para otro día? Justo ahora necesito estar en la oficina de Monroy
y después recoger las herramientas para el proyecto.
–No
te preocupes –preocuparse era para antes de ahora, antes de que estuviera
tratando de no gritar… o de no llorar.
–Te
prometo que te compensare.
¿Compensar
un café que en teoría compensaría el cine de hace dos semanas? No pude
responder a eso.
–Tengo
que irme, lo siento. Saldremos la próxima vez. Descansa –fue todo, colgó y yo
estuvo de nuevo sola en la calle.