viernes, 8 de agosto de 2014

Cita


Volví a presionar cualquier botón de mi celular para que la hora brillara bajo la media luz de la cafetería, iluminara la taza de café con restos de espuma en ella y la servilleta hecha pedazos. Solo le daría hasta terminar este capítulo y me iría.

Le di la vuelta a la página y seguí leyendo sin prestar atención a una sola de las charlas a mí alrededor, estaba furiosa. Llevaba dos capítulos, una taza de café, un atardecer y tres cigarrillos sentada en ese sillón. La mesa a mi izquierda había sido ocupada y desocupada dos veces; la de mi derecha estaba vacía y sin limpiar desde hace cinco páginas; por último, la que estaba detrás llevaba casi el mismo tiempo que la mía ocupada por una pareja. Podía medir el tiempo que llevaban juntos sin siquiera dar una segunda mirada hacia atrás. Aún se sentaban juntos, aún hablaban sin dejar espacios de silencio pero sabiendo cosas intimas, aún no sentían correr el tiempo en sus citas pero se hacía increíblemente lento cuando estaban separados…no era difícil: juntos tenían al menos cuatro kilos de café, dos cenas, una comida, al menos una docena y media de salidas al cine, ya habían conocido a sus mejores amigos y…

–¿Todo bien? ¿Alguna otra cosa? –dijo la señorita con la camiseta polo color caqui, el mandil negro y una amplia sonrisa a pesar de las veces que había activado el molino, colado el café, limpiado la maquina, servido las tasas, limpiado las mesas, llevado el cambio y escuchado los reclamos de los clientes junto a sus compañeras.

Solo dos páginas más y me iría.

–La cuenta, por favor –con esfuerzos logre corresponder su sonrisa.

            Furiosa o no, estaba tan agradecida de haber tenido ese libro, no había nada peor que tener que sentir cada fragmento de tiempo pasar, como el goteo de una llave mal cerrada, esperando y esperando algo que hasta ahora no había sucedido.

–Aquí tiene  –esta vez no esperó nada para dirigirse a la mesa de la derecha y empezar a limpiarla, incluso mi taza había desaparecido.  

No toqué mi cuenta hasta llegar a la última página, el último párrafo, la última línea y la última palabra del capítulo. Mi tiempo allí había acabado y solo me tomó colocar el separador en el libro, sacar la cartera, pagar y ponerme el abrigo para estar fuera de allí con el sonido de las campanillas de la puerta anunciando mi retirada.

            A mi celular le tomó al menos media cuadra más en sonar.

–¿Hola?

–Hola cielo, soy yo –dijo.

Para nosotros ya había pasado mucho más tiempo que para la pareja del café. Su voz hace mucho que había dejado de alterar mis nervios.

–No pude llamarte antes, aún estoy atascado en el trabajo.

–Lo supuse –hace tres cigarrillos y más de un capitulo que lo había deducido.

–Lo siento ¿Lo pasamos para otro día? Justo ahora necesito estar en la oficina de Monroy y después recoger las herramientas para el proyecto.

–No te preocupes –preocuparse era para antes de ahora, antes de que estuviera tratando de no gritar… o de no llorar.

–Te prometo que te compensare.

¿Compensar un café que en teoría compensaría el cine de hace dos semanas? No pude responder a eso.

–Tengo que irme, lo siento. Saldremos la próxima vez. Descansa –fue todo, colgó y yo estuvo de nuevo sola en la calle.

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