Llevaba ya tres semanas cargando con todas las semillas que podía tomar del campo para alimentar a mis hijos en casa. Conseguía de todo, mientras sirviera de comida para mi familia: unos cuantos granos de elote, unas pocas fresas, algunas semillas de girasol, y hasta chícharos.
Poco a poco, el campo iba desapareciendo, algunos hombres y se llevaban tantas frutas como podían en enormes canastos, y otros se llevaban decenas de elotes enteros en bolsas colgadas del pecho. Eran muy envidiosos, no permitían que nadie más tomara nada, ni siquiera las ardillas que se acercaban por nueces, ni los perros que olían los emparedados que llevaban para comer en su descanso al mediodía. Afortunadamente a mí aun no me habían descubierto.
Ayer por la noche mi familia sufría. Gracias al egoísmo de los hombres que saqueaban los campos, apenas y había conseguido lo suficiente para darle un bocado a cada uno de mis hijos. Ellos seguían pidiendo comida, así que a pesar del frío, salí a buscar algo.
Me llevé una terrible decepción al llegar al campo, encontrándolo completamente vacío, no había ya nada que salvar, ni siquiera un puñado de semillas que hubieran abandonado en la tierra. Sin valor para regresar a mi hogar sin alimento, me dirijí a las casas más cercanas.
Después de un breve paseo, pude ver un maravilloso pan colocado en una bandeja sobre el marco de una ventana abierta. Seguramente se trataba de la cena de los señores de la casa, pero también me sentí confiado de que ellos tendrían más para comer al tener una casa grande y bonita, así que pensando en mis hijos hambrientos, me acerqué.
Cuando estaba a punto de tomar un trozo de pan, listo para regresar con mi familia, un enorme golpe me arrojó al interior de la casa, y luego una pesada tela cayó sobre mí. Perdí la consciencia.
Hoy vivo en una pequeña jaula donde los humanos me aprisionaron. No sé nada de mi familia. Ya ni siquiera soy capaz de extender mis alas y volar. Los humanos me quitaron mi libertad a cambio de darme más semillas de las que puedo comer, cuando antes me impedían tomar sólo las necesarias.



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